El presidente Luis Abinader pide al pueblo que se sacrifique y pague los costes económicos de la guerra anglosionista en Oriente Medio. Anuncia subsidios y medidas cosméticas cuando debe pedir a altos funcionarios y élites empresariales que arrimen el hombro para mitigar el golpe, no a los nadies, no solo a la maltratada y explotada clase media.
Si el impacto de la guerra anglosionista en Medio Oriente afecta al país, agiotistas y especuladores se aprovecharán como sucedió durante la pandemia de Covid-19. La guerra que lleva ya más 3 semanas, no se detendrá hasta que las partes entiendan que las normas del Derecho Internacional es la vía para lograr una paz duradera y la convivencia pacífica en todo el mundo.
Los sectores de mayor impacto en el país están vinculados a la producción, la alimentación, el transporte y los servicios. Mención especial para combustibles, fertilizantes, transporte público y productos de la canasta básica.
Palear el incremento en los precios exige mucho más que simples subsidios, exige ante todo un compromiso serio del gobierno para proteger la producción nacional y evitar la especulación y el agiotismo.
En ese pedacito de isla, con poco más de 10 millones de habitantes, pudiéramos vivir mejor, mucho mejor, sino fuera por los desaciertos de las élites gobernantes. Oligarquía y cierta élite empresarial que se pliega y defiende el guerrerismo anglosionista son quienes tienen que pagar los costes de la guerra que defienden, no quienes la rechazamos y clamamos por la paz, la justicia y el derecho a la vida.
Que paguen esos que defienden la política de expansionismo mesiánico que impulsa Israel y que apoyan las acciones terroristas de Estados Unidos en América Latina y El Caribe. Esos que se frotan las manos con el bloqueo a Cuba y que celebran cuando a un gobierno progresista, socialista o revolucionario es agredido. Esos que rinden culto a la violencia cuando debieran defender a Nuestra América como Zona de Paz, concordia, solidaridad, cooperación, justicia social, soberanía, dignidad y libertad.
No basta con subsidios que pocas veces llegan a los sectores que dicen beneficiar. Subsidios que se quedan en manos de grandes empresarios, mientras el pueblo paga los costes de las guerras y conflictos que crea la corporatocracia pentagonizada.
La guerra mata, destruye, contamina, empobrece y genera odio. Solo benefician a las empresas vinculadas al Complejo Industrial Militar e industrias afines. Queman municiones, destruyen países, contaminan la atmósfera, la tierra y el agua.
Defender y apoyar guerras es un acto inmoral y una expresión cruda de la bestialidad humana. Mueren millones de personas, incluidos niños y niñas, mueren en conflictos donde Estados Unidos, Israel y sus socios tratan de imponer su hegemonía sobre pueblos soberanos que luchan por defenderla.
El gobierno dominicano, que hace parte de la estrategia guerrerista de Estados Unidos en la Región Latinocaribeña como parte del llamado Escudo Protector de Las Americas, tiene que asumir los costos de sus decisiones. El gobierno involucra al país, mancilla su soberanía sin que ni siquiera se valore en el Congreso Nacional. De aquellos lodos, éstos polvos.
Era de esperarse que ante una escalada de la guerra en Medio Oriente, el impacto a la economía mundial sería inmediato y contundente. Esos sectores son los que deben cargar con los costes económicos del impacto de la Guerra Anglosionista que afecta a países de Oriente Medio. Que asuman las consecuencias de su avieso.
El país tuvo resuelto el problema del suministro de petróleo y sus derivados con la República Bolivariana de Venezuela por un buen tiempo, pero este gobierno prefirió aliarse al trumpismo intervencionista, injerencista y terrorista sin pensar en la dependencia energética del país. Ahora piden que el pueblo se sacrifique. No señor gobierno, no.
Paguen ustedes …


























