El amor es uno de los sentimientos más poderosos y transformadores que experimenta el ser humano. Es una fuerza que inspira bondad, solidaridad y esperanza, permitiéndonos construir relaciones significativas y superar las adversidades. Sin embargo, en el afán de amar a los demás, muchas personas olvidan un amor igual de esencial: el amor hacia uno mismo. Este tipo de amor, lejos de ser egoísta, es la base para una vida plena y relaciones saludables.
Hay personas cuya sola presencia irradia amor, como un faro en medio de la tormenta o una vela que ilumina el camino en las montañas de la vida. Pero, paradójicamente, quienes más amor ofrecen a los demás suelen olvidarse de sí mismos. Este desequilibrio puede llevar a descuidar el propio bienestar emocional y depender del afecto ajeno para sentirse completos. Según la Universidad Humanitas, el amor propio no está sujeto a los altibajos de los logros o fracasos, sino que se basa en una aceptación profunda de uno mismo.
La Biblia lo expresa claramente: “Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (Reina-Valera, 1960/1998, 1 Corintios 13:13). Sin embargo, este amor, tan noble y necesario, también exige equilibrio. Amar al prójimo no significa olvidarse de uno mismo. Como lo señala Rosenberg (1965) en Society and the adolescente self-image , una autoestima saludable es clave para el bienestar emocional y para establecer relaciones sanas.El amor propio, entendido como el reconocimiento y aceptación de nuestras virtudes y defectos, fomenta el respeto y cuidado hacia nuestro ser.
. KristinNeff (2011), en su obra Self-compassion: The probada powerofBeingkindtoself , destaca que la autocompasión y el amor propio no solo fortalecen la resiliencia, sino que también reducen la ansiedad y promueven la salud emocional. Desde esta perspectiva, cuidarse a uno mismo no representa egoísmo, sino una necesidad humana esencial.En este sentido, resulta relevante la reflexión atribuida al escritor Mario Benedetti: “Si ofreciste todo y no fue suficiente, ofrece tu ausencia”. Esta frase recuerda que el amor también implica dignidad, respeto y la capacidad de reconocer cuándo una relación deja de contribuir al bienestar personal. Como señala el blog EXATEC, el amor propio implica establecer límites saludables y alejarnos de conductas tóxicas que puedan afectar nuestra paz interior.
En cualquier ámbito de la vida —ya sea en la pareja, la amistad o la familia— es importante comprender que la felicidad personal no puede depender únicamente de la aprobación o el afecto de los demás. Cultivar el amor propio significa reconocer nuestro valor, cuidar nuestra paz interior y entender que también merecemos la misma consideración que ofrecemos a los demás. Como lo expresa el artículo de Somos Estupendas, el amor propio nos permite tomar decisiones más conscientes sobre cómo nos relacionamos con nosotras mismas y con los demás.
Tal como enseña la Escritura: “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (Reina-Valera, 1960/1998, 2 Timoteo 1:7). Desde esa fortaleza interior es posible amar con generosidad, pero también con sabiduría. Al aprender a valorarnos, entendemos que el amor más genuino es el que se comparte desde la plenitud, sin perder nuestra esencia.
La autora es Magister en Gestión de Centros Educativos, maestra y psicóloga escolar


























