SAN JOSÉ DE OCOA.– Entre anécdotas, lecturas y testimonios cargados de profundo sentimiento, fue realizado un homenaje póstumo al escritor y poeta William Darío Mejía Castillo, al cumplirse el primer mes de su fallecimiento.
La actividad fue organizada por el Ateneo Ocoeño, el Club OCANTEC y la Dirección Provincial de Cultura, quienes desarrollaron varios actos en memoria de quien es considerado uno de los más grandes exponentes de la literatura ocoeña.
La jornada inició con una misa celebrada en la parroquia San José, seguida de un acto solemne en el salón Padre Luis Quinn del Palacio Municipal de San José de Ocoa. Posteriormente, el homenaje continuó en la plazoleta que lleva el nombre del escritor, ubicada en el Parque Libertad, donde se realizaron lecturas de poemas, interpretaciones musicales y emotivas anécdotas que recordaron su legado.
Durante el acto, Gregorio Martínez, presidente del Ateneo Ocoeño, resaltó la trascendencia de la obra literaria de Mejía Castillo y su aporte invaluable a la cultura y la identidad de la provincia.
De su lado, Fanny Santana, asesora del Club OCANTEC, destacó la sensibilidad humana y el compromiso del escritor con la educación y la promoción de la literatura en las nuevas generaciones.
Mientras que Edison Mejía, hijo del homenajeado, valoró los aportes de su padre al país, recordándolo como un hombre apasionado por las letras, la enseñanza y el amor por su pueblo.
En la actividad también intervinieron Marcionilo Castillo, Harris Castillo, Ircania Báez y Carlos Alberto Soto, entre otros participantes que compartieron recuerdos y reflexiones sobre la vida y obra del destacado escritor.
Familiares, escritores, exalumnos y amigos se dieron cita para honrar la memoria de un hombre que sembró palabras como semillas fecundas en el alma de su pueblo.
Entre anécdotas, lecturas y testimonios llenos de emoción, se evocó la trayectoria de un educador y literato que convirtió la enseñanza y la escritura en su más noble misión. Su obra permanece viva como un faro que ilumina a las nuevas generaciones y como un puente entre la memoria y la esperanza.
El homenaje reafirmó además el compromiso de mantener encendida la llama de la literatura y la identidad cultural ocoeña, causas que William Darío Mejía Castillo defendió con pasión y entrega.
Hoy su voz descansa en la eternidad, pero sus letras continúan caminando junto a su pueblo.























