Por: Javiel Elena Morales
Especialista en Currículo por la Universidad Católica de Uruguay
El desarrollo de un currículo y su concreción en el aula parte de una concepción del ser humano que no culmina con la escolarización, sino que de acuerdo con Posada Álvarez (2012) Currículum es una palabra de origen latino que significa “carrera de la vida”, es decir, para vivenciar en la práctica lo aprendido. Desde esta perspectiva, la formación no termina con un título, sino con la responsabilidad de integrarse a una vivencia cotidiana de ciudadanía.
En el diseño de todo currículo en un mundo global deben estar presente las problemáticas sociales y las de la humanidad. Sin embargo, humanizarlo dependerá de los niveles de concreción en el aula, de la voluntad del Estado y los actores que intervienen para su consecución. No es una varita mágica, pero es la intencionalidad de una mejor sociedad que refleje el respeto al ser humano en todas sus dimensiones.
A partir del siglo XX las producciones de los autores que escribieron sobre el currículo se enfocaron en presentar las tendencias y planteamientos que se asumían en su diseño. (Tyler citado en Sacristán,1989) plantea que el currículo va más allá de lo teórico asumiendo una práctica, Kemmis (1986) afirmaba que ninguna teoría puede considerarse como punto de referencia estable, sino que cambian en el tiempo; Stenhouse (2003) afirmaba que el problema central de la teoría del currículo era superar la brecha que existe entre la intencionalidad y los mecanismos de hacerlo operativo.
El currículo no es solo un documento normativo que prescribe lo que se debe aprender, sino que tiene que propiciar compromisos sociales de los que lo aplican y de toda la sociedad, con la finalidad de realizarle ajustes procesuales a partir de las validaciones y opiniones de los expertos. Es decir, con los cambios que ocurren en el mundo, la vida útil de un diseño curricular puede ser efímera, por lo que sería recomendable aplicar ajustes que posibiliten su actualización continua. En este sentido, el papel de los docentes es fundamental porque en la práctica son los que desarrollan y aplican el currículo.
Es importante considerar el análisis de Posner (2005) al plantear que el diseño del currículo y sus intencionalidades no se concretizan en el currículo oficial, sino que en su aplicación desarrollo y concreción gravitan otros currículos como son: el oculto, el adicional, el concurrente y el nulo.
Barreto de Ramírez (2010) sostiene que los procesos de cambios curriculares implican preguntas de los planificadores y educadores que pueden resumirse en: ¿Cuáles son los avances y tendencias a nivel curricular? ¿Cuáles son los rasgos de universalidad que caracterizan los nuevos escenarios? ¿Cuáles cambios se están dando en los procesos de aprendizajes en el mundo? ¿Cómo afectarían las demandas nacionales e internacionales a los cambios e innovaciones del currículo?
En este sentido, sería problemático pretender que todas las problemáticas sociales se resuelven con introducir asignaturas en el currículo. Esto sería imposible por el tiempo y por los niveles cognitivos de los estudiantes. La lógica no es cargar el currículo de asignaturas, sino lograr que propicie los aprendizajes requeridos.
En correspondencia con lo antes planteado, es importante que todas las instituciones del Estado conozcan de los cambios curriculares y dialoguen con el Ministerio de Educación sobre los cambios realizados, antes de realizar propuestas que no se corresponden con el enfoque curricular asumido.
Las implicaciones del abordaje de un currículo basado en el desarrollo de competencia según Perrenoud (2012), plantea la necesidad de superar las ambigüedades conceptuales del abordaje de las competencias con la finalidad de que la escuela pueda aplicarla y se entienda el lenguaje que se habla. Es decir, que el centro educativo y el docente deben estar consciente de sus fortalezas y limitaciones para lograr su concreción.
Desde esta perspectiva, en correspondencia con el estudio de Zaiter y Varela (1990) ¿Cambia la Escuela? Es necesario medir el impacto del currículo en el cambio de actuación de los docentes y el centro educativo en general, siendo pertinente preguntarnos: ¿Se están generando los cambios necesarios? ¿Qué implica ver la escolaridad como proceso de la concreción del currículo? ¿Cómo se traduce el currículo en aprendizajes significativos para los estudiantes?
El reto de humanizar el currículo implica hacerlo operativo en el aula, realizando los ajustes necesarios que garanticen ciudadanos que se integren a soluciones de problemáticas de su entorno en el marco de la participación y la democracia.
En correspondencia con el planteamiento anterior, humanizar el currículo implica dar respuesta a la exclusión social, más allá de una visión utilitarista, de apertura, diálogo y la formación de una ciudadanía que evidencie actuaciones democráticas en las acciones cotidianas. En correspondencia con Kant, sería actuar a nivel personal como si fuera un juez universal pensando en la humanidad.
El planteamiento de humanizar el currículo es dar respuesta a las necesidades y desafíos de la sociedad. Es, además, cumplir con el papel del Estado de garantizar igualdad de oportunidades y el desarrollo de las potencialidades del estudiantado, desde la construcción de valores y responsabilidades, donde la escuela asuma su rol de transformarse y transformar la sociedad.
Humanizar el currículo debe partir de asumir las fortalezas y debilidades, pensando en una sociedad compleja donde los retos de formar para una ciudadanía responsable, debe asumir como plantea Díaz Balado (2022), en su artículo Ciudadanía y currículum: un nuevo escenario sostiene que: “En la sociedad actual, que asume el término educación a lo largo de la vida – mencionado en líneas anteriores – la situación se vuelve más compleja, pues esta – como concreción de un derecho y expresión de unos valores- se relaciona también con la diversificación de los espacios y contextos de enseñanza y de aprendizaje. Para Álvarez Castillo (2004), la idea de la educación o el aprendizaje a lo largo de la vida, circunscrita con frecuencia al ámbito de lo individual, necesita de la creencia en la educación para todos para alcanzar un carácter ético (p.40).
El autor es Dr. en Filosofía de la Universidad del País Vasco, Magíster en Ciencias Políticas Mención Relaciones Internacionales y Especialista en Diseño y Desarrollo Curricular.

























