El martes diez (10) de octubre del año mil novecientos cincuenta (1950) nace en la comunidad de Cañada Grande, San José de Ocoa, el niño William Darío, hijo de los señores Andrés Mejía e Isabel Castillo (QEPD); niño que con el paso del tiempo habría de emerger como uno de los más destacados literatos de nuestro pueblo y de la República Dominicana.
Es el séptimo de una prole de siete hermanos, siendo estos María Belén y Cristiana Castillo, Rafael (Fellito), Freddy, Donald (fallecido). Las dos primeras, hermanas maternas, pues su padre sólo procreó cinco hijos, siendo William el benjamín.
Inició sus estudios en la Escuela Primaria de Cañada Grande en la que cursa hasta el tercer grado debido a que en dicha escuela este era el grado más alto que se impartía, por lo que emigra al Municipio de San José de Ocoa inscribiéndose en la Escuela Luisa Ozema Pellerano, cursando hasta el octavo (8vo.) grado, pasando luego al liceo, ubicado para la época en la intersección Mella con Sánchez, terminando el cuarto curso del bachillerato en el lugar donde funciona el Liceo José Núñez de Cáceres, concluyendo la educación media en mil novecientos setenta (1970).
Sus condiciones de estudiante excelente se pusieron de manifiesto durante su trayectoria, por lo que al año de obtener el título de bachiller, esto es, en 1971, es nombrado profesor del liceo en la rama de las matemáticas.
Nombrado como profesor del Liceo José Núñez de Cáceres se inscribe en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en la licenciatura en Matemáticas. A pesar de ser profesor de matemáticas, pronto sus dotes de literato lo harían abandonar aquella rama de las ciencias exactas para pasar a impartir clases de literatura, donde dejaría su impronta como maestro ejemplar, produciéndose aquel cambio en 1973, cuando le es entregada la asignatura de Literatura.
En mil novecientos setenta y cuatro (1974), a tres años de matricularse en la UNPHU, abandona dicha universidad tras un incidente producido con el profesor peruano Roberto Atensio, quien se dirige a él con palabras insultantes, insultos que por ser falsos, a decir de él, no toleró este gran ocoeño, respondiéndole con igual vehemencia y abandonando dicho centro universitario.
Su carácter y su definición ideológica de corte revolucionario lo llevan a organizar la primera huelga en dicha universidad, lo que no es común que se produzca tratándose de una universidad privada. Aquel movimiento huelgario removió los cimientos de aquella casa de estudios en protesta por la muerte de Sagrario E. Díaz, joven dominicana que muriera en el campus de la Universidad Autónomo de Santo Domingo (UASD) como consecuencia de la intolerancia política y de la persecución de las ideas, escenario en el que se desenvolvía nuestro país en aquellos años aciagos de funesta recordación para la sociedad dominicana.
Desde entonces se dedica a su verdadera vocación… la literatura, preparándose de manera autodidacta en el amplio mundo de las letras y en el que su estrella brilla con fúlgido brillo en el firmamento del cielo dominicano y con mayor fulgor en el firmamento ocoeño.
En el año mil novecientos setenta y cuatro (1974) se une en matrimonio a la joven ocoeña Ana Josefa Matos con la que va a procrear a sus hijos Edison Arístides y Elba Isabel Mejía Matos.
En el año mil novecientos ochenta y tres (1983) se une en segundas nupcias a la joven ocoeña Mary Francis Cabral, con la que procrea a sus hijos Cristal Diamante, Ricardo Montenegro y Shoemaker Levy Mejía Cabral, nombre este último que pone a su hija en honor al cometa del mismo nombre que en 1984 hiciera explosión en Saturno, coincidiendo con el nacimiento de su hija.
Concomitantemente con su labor de educador se va desarrollando en William la vocación y la depuración del escritor, al punto que desde el año 1975 cuando escribe su primera obra de teatro a la que puso por nombre “El Vacá de Don Abundio”, que luego sería rebautizada con el nombre de “La Superstición” hasta llegar a llamarse “Cosas de tierra adentro”. Este laureado escritor produce todos los años una obra y en Ocoa cumplió al pie de la letra esta hermosa pero igualmente exigente tradición de escribir una obra por año, tradición que inicia en 1975 produciendo nueve (9) obras en San José de Ocoa hasta el 1983, año este en el que emigra de nuestro pueblo, siendo parte de aquellas obras producidas en su ciudad natal, entre otras: No puedo callarme; Las cosas de Martín; Cuatro puntos a sus zapatos; Calmina (tragedia de amor) y Los tres que cayeron en el pozo.
En San José de Ocoa William Mejía realiza importantes y significativos aportes, sobre todo en el aspecto cultural, siendo fundador en 1974 del Club Nuevo Sendero, siendo además fundador del Bloque de Clubes Ocoeños en 1979, confederación que agrupaba un total de 31 clubes, tanto de la zona urbana como rural.
En el año mil novecientos ochenta y cuatro (1984) tuvo la visión de crear y fundar Teatro Sur, organización que es fundada también en Azua, donde hoy día continúa con su labor originaria de llevar cultura y diversión a través del teatro, lo que desafortunadamente no ha ocurrido en nuestro pueblo. En San José de Ocoa, junto a William, estuvieron como fundadores de Teatro Sur: Ramón Mordán, Franklin Mejía, Radhamés Lara (Memeco), Raymond Martínez, Argentina Brea, Luis Bolívar Ortiz Encarnación (Bolo), Rafael Minyettis (Negrito) y Manuel Melo, entre otros.
A través de esta trascendente iniciativa se despliega una amplia actividad cultural en nuestro pueblo de indescriptible importancia, llenando los distintos escenarios en los que se presentaban las diferentes obras de teatro, recordándose “Pirámides 179”, de Máximo Avilés Blonda; “La superstición” (El Vacá de Don Abundio); “Proceso a un hombre Loco”, entre otras, tanto de la autoría de William Mejía como de otros destacados escritores.
Al día de hoy, William, con su digna trayectoria y su fructífera carrera en el campo de las letras ratifica lo que hemos dicho en un primer párrafo, que es uno de los más destacados literatos de San José de Ocoa y del país, quedando esto evidenciado en su fecunda carrera de escritor, viendo coronarse con el éxito varias obras a nivel nacional, como es el caso de “El Taladro del Tiempo” escrita en 1984 y que es escogida en ese mismo año como Premio Nacional de Cuento. Su obra “Anónimos y Realengos” escrita en 1995 fue igualmente ganadora del Premio Nacional de Teatro y como si todo esto fuera poco, en el 2001 se consolida como novelista al conquistar con su obra “Una Rosa en el Quinto Infierno” el premio Nacional de Novela.
Como se puede apreciar William ha sido Premio Nacional en tres géneros distintos, (Teatro, Cuento y Novela) lo que no es tarea fácil y que en el caso particular nuestro sólo conocemos el caso del montecristeño Manuel Rueda (27/8/1921-20/12/1999) como escritor galardonado con premios nacionales en diversos géneros literarios, como es el caso de teatro en 1957; poesía en 1976; poesía en 1979; teatro en ese mismo año en dos ocasiones; cuento en 1985 y novela en 1995; claro está, en este caso se trata de premios nacionales recibidos por dicho autor, no que haya sido Premio Nacional, como lo fue el nuestro, aunque Rueda fue Premio Nacional de Literatura propiamente en el año de 1994.
Todo esto deja claramente establecido que en el caso de William Mejía se trata de un distinguido escritor dominicano, como hemos señalado, Premio Nacional en tres géneros distintos en la República Dominicana. Sus obras lo consolidan como un fecundo escritor, las que del mismo modo lo sitúan en un círculo exclusivo dentro de los escritores dominicanos.
Otras de sus obras importantes, como todas las demás, son Batallando (teatro) y su novela publicada en el año 2005 la que tituló como “Naufragio”, además de una amalgama de cuentos, obras de teatro, publicaciones en revistas y periódicos de circulación nacional.
William Mejía es maestro de vocación y se ha desempeñado además de profesor como asistente del Instituto de Desarrollo del Suroeste y es que sus frutos también han abarcado esta región del país.
Del mismo modo se ha desempeñado como director nacional de Talleres Literarios del Ministerio de Cultura, posición desde la cual ha desarrollado una hermosa y fructífera labor.
Su calidad como hombre de las letras ha sido reconocida de manera notoria, pues ciertamente se ha destacado como narrador, dramaturgo y ensayista y ha sido uno de los autores dominicanos más premiado en los últimos años.
Cabe resaltar el Premio Nacional de Cuentos (1981) con “Reflexiones” y el Premio Nacional de Novela UCE 2000, por “Una Rosa en el Quinto Infierno”, entre otros, siendo parte de sus trabajos incluidos en la Coedición de Cuentos para Niños del CERLALC y la UNESCO, en 1984. Como dramaturgo ha recibido 10 premios nacionales de teatro y en el renglón ensayo ha obtenido dos importantes galardones.
Todos estos atributos, ligados a su condición indiscutible de hombre honesto y honorable hacen de él un digno ejemplo a seguir para las presentes y las futuras generaciones, sobre todo en el campo de la literatura.
Nota: Tomado del libro “Cómplices de una Historia”, de la autoría de José Manuel Arias Martínez, tomo I, páginas 397 a 404, año 2016.

























