Ayer participamos en el sepelio del tío José Antonio Casado, quien falleció a los 88 años de edad y dedicó su vida a servir a la Patria. Veterano de la Guerra de Abril de 1965 que participo en varias batallas, incluida la del Hotel Matúm en Santiago.
Nacido en San José de Ocoa, salió joven a buscar espacio para desarrollar su potencial y enfrentar los reductos de la tiranía de Los Trujillo, encarnado en El Triunvirato que sustituyó al primer gobierno del Partido Revolucionario Dominicano, PRD.
Cuando el 24 de abril de 1965 sonó la clarinada del pueblo llamando a sus hijos a la acción revolucionaria no dudó en asumir el compromiso de combatir al lado de los constitucionalistas liderados por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó para enfrentar a los lacayos criollos y a los yanquis invasores.
José Antonio, hijo mayor del matrimonio de Manuel Ernesto Casado Carrasco y Leticia Pujols, se impuso a las precariedades y prohibiciones de la época en que forjó su ideal revolucionario al que no claudicó nunca, a pesar de los traspiés del Partido Revolucionario Dominicano, organización en la que militó toda su vida.
José Antonio Casado Pujols es uno de esos hombres a los que la historia le reserva un sitial de honor. Vivió momentos difíciles que pusieron a prueba su reciedumbre moral. Uno de esos momentos es el suicidio del Presidente Antonio Guzmán Fernández, de cuya escolta formó parte y del que fue hombre de confianza.
Formado militarmente en «La Trinchera del Honor» y académicamente en la universidad de la vida. Perseguido tenazmente por fuerzas represivas de Balaguer durante Los 12 Años tuvo que exiliarse en Venezuela. Aún así, logró escalar hasta prestar servicio de escolta a figuras prominentes del Partido Revolucionario Dominicano como Jacobo Majluta, José Francisco Peña Gómez e Hipólito Mejía.
Su inteligencia nata le permitió sortear los escollos en una larga trayectoria como servidor público, incluido los servicios de seguridad del Estado. Coraje y valentía a toda prueba evidencian la reciedumbre de su carácter.
Valiente, discreto y sagaz. Con él se va una parte de la historia política dominicana que nunca quiso contar porque entendía que era una traición a la confianza a quienes sirvió. Secretos, situaciones y hechos que vivió quedan a la espera de ser relatados por quienes le acompañaron.
Quienes lo conocieron e interactuaron con él en esos espacios, saben que Casado no era un hueso fácil de roer. Era amante de la música típica, disfrutaba las lidias de gallos y el compartir con la familia. Solidario y comprensivo, pero firme y decidido.
Ayer en su sepelio, fue notoria la ausencia de sus compañeros de partido y de la lucha revolucionaria. A decir de su familia, pocos, muy pocos hicieron acto de presencia. Allá ellos, porque la ingratitud solo anida en la mente de los vivos.
Gracias tío por su entrega a la defensa de la Patria. Gracias por ser un referente para su pueblo y un digno ejemplo para la familia.
¡Hasta siempre querido tío!























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