En memoria eterna de las Hermanas Mirabal, símbolos de coraje y dignidad, y en este mes de la no violencia, elevo mi voz para honrar a la mujer: esencia de vida, guardiana de la esperanza y arquitecta silenciosa del porvenir.
A ti, mujer que sostienes el mundo con tu esfuerzo diario, con tus sueños aún intactos, con tu voluntad que no se quiebra.
A ti, que permaneces erguida incluso cuando la vida intenta doblarte; que luchas, cuidas y avanzas aun en medio del cansancio y de las pruebas.
Hoy te exhorto a no rendirte.
A reclamar tus derechos con la firmeza que heredamos de Minerva, Patria y María Teresa.
A continuar tu marcha, aun entre sombras, porque en ti descansa la raíz luminosa de todo lo que nace y perdura.
Eres jardín, estrella, refugio y clamor.
Eres la fuerza que transforma el dolor en esperanza y que convierte cada amanecer en una victoria.
Que este mes —y todos los meses— recordemos tu gallardía, tu trabajo incansable y tu infinita capacidad de renacer.
Por ti, mujer indómita, sigue latiendo el destino de nuestra tierra.
























