Cada vez que se exaltan los posibles aportes del turismo a la economía ocoeña, surgen certeros argumentos que nos recuerdan nuestra vocación eminentemente agrícola. Eso es así. Pero sucede que el fomento del cultivo de la tierra, no es opuesto a los postulados de la actividad ecoturística, que es la que se ha venido incentivando en Ocoa.
Para fines informativos, presento los 8 principios fundamentales del ecoturismo (anteriormente 7), de acuerdo a la Sociedad Internacional de Ecoturismo (TIES).
1-Minimizar el impacto físico, social, conductual y psicológico.
2-Construir conciencia y respeto medioambiental y cultural.
3-Proporcionar experiencias positivas, tanto para visitantes como para anfitriones.
4-Proporcionar beneficios financieros directos para la conservación (medioambiental).
5-Generar beneficios financieros tanto para los habitantes de la comunidad, como para la industria privada.
6-Facilitar memorables experiencias interpretativas para los visitantes, contribuyendo a elevar la sensibilidad hacia el medioambiente, la política y el clima social.
7-Diseñar, construir y operar facilidades de bajo impacto medioambiental.
8-Reconocer los derechos y creencias espirituales de los nativos de la comunidad y trabajar en asociación con ellos para crear empoderamiento.
Si no se comprenden estos principios, no se comprende el alcance del turismo ecológico. Significan mucho más que el beneficio económico a gran escala. Es la economía comunitaria, la participación de los habitantes de una demarcación en una actividad fundamentada en su estilo de vida… incluida su actividad agrícola. Es decir que una comunidad humilde y empobrecida, podría aprovechar sus sembradíos y naturaleza para hacer una oferta ecoturística a los amantes del maroteo, las mariposas y el paisajismo. Muchos no lo conciben así, pero en Jarabacoa se paga una cuota para entrar a ver hermosas mariposas en un denominado “mariposario” o para dormir y meditar al lado del río Yaque del Norte, en un sencillo proyecto comunitario.
Significa también una ayuda idónea para recuperarnos del daño medioambiental, que a veces causa la agricultura a gran escala. Contribuye a la “siembra de agua”, en momentos en que algunos rubros agrícolas, como nuestros preciados aguacates, demandan grandes cantidades y cuando el mundo despierta a la noticia de que ya el agua se cotiza en Wall Street, como lo cita Milcio Mejía, en un interesante artículo en este medio.
Se trata de desarrollo sostenible. Desarrollo que no contamina, ni hiere de muerte a nuestros recursos naturales. Ha sido el enfoque de los destinos ecoturísticos que han destacado, incluidos Jarabacoa y Constanza. La Sociedad Internacional de Ecoturismo lo define como «viajes responsables a áreas naturales que conservan el medio ambiente, sustentan el bienestar de la población local e implican la interpretación y la educación».
Si se hace bien, ecoturismo y agricultura son socios; tal vez esposos, unidos en un contrato por la vida.
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