En los diferentes acontecimientos que se suceden en la historia de los pueblos, para no generalizar diría que al menos en la inmensa mayoría de las ocasiones no se producen de manera casual sino causal, además de que como es natural, todo tiene su origen y las razones que lo explican; de eso no escapa la Restauración de la República.
Para discurrir sobre el tema aunque sea de manera sucinta debo decir que fue el interés de aquellos que nunca creyeron en el proyecto de la Independencia Nacional, y que si bien lo empezaron a torpedear desde un primer momento, cuando ya lo supieron consumado siguieron en la misma dirección, esta vez con el propósito de echar hacia atrás el avance logrado.
Como ya era una realidad concreta la Independencia Nacional, los que por esos azares del destino han logrado ocupar las más altas posiciones de dirección, siguieron con su proyecto de destruir lo que se había logrado y durante esos 17 años que duró la Primera República (1844-1861) hicieron todo cuando pudieron para desarticular lo que se había logrado, empezando por la persecución de los trinitarios y de todos los que asumieron o defendieron la causa de la soberanía nacional, concretando sus planes antinacionales el 18 de marzo de 1861, con la anexión del país a España.
Pero, por suerte para los dominicanos, así como hubo quienes jamás creyeron en que podíamos ser un país libre, soberano e independiente, como fue originalmente concebido por los independentistas, en contrapartida los hubo que sí creyeron y más que eso lucharon por el sueño de tener una patria libre, convencidos de que era posible, y eso explica el que a pocos días de anexado el país a España los esfuerzos no se hicieran esperar, y el 2 de mayo de ese año un grupo de buenos dominicanos se reveló “en el poblado de Moca tomando el cuartel militar…”; esa misma noche, tras su captura, fueron cobardemente fusilados “por órdenes del mandatario dominicano”.
No obstante, pese a fusilar a esos independentistas en Moca, no pudieron eliminar las ansias de liberad, y fue así como “un mes y medio después de la anexión el prócer Francisco del Rosario Sánchez penetró al país desde Haití con la finalidad de derrocar al Gobierno español”, pero que como es sabido, igual terminó siendo fusilado, luego de haber sido herido y capturado.
Aunque quisieron acallar a todos los que se oponían a la anexión y que se negaban a perder de manera definitiva la libertad lograda en febrero de 1844, otros siguieron su ejemplo hasta lograr, tras el Grito de Capotillo del 16 de agosto de 1863, iniciar la gesta restauradora… había que recuperar lo que se le había arrebatado al pueblo dominicano y se logró; todo se concretó dos años después tras la firma de Pacto del Carmelo el 6 de junio de 1865, pacto mediante el cual las tropas españolas se retiraban del territorio nacional, proceso de evacuación que inició el 10 de julio de ese año y que concluyó el 25 del mismo mes y año; habían salido del territorio nacional los anexionistas con destino a España y a sus colonias españolas, cual lo eran para entonces Cuba y Puerto Rico.
Mención especial merece Santiago Rodríguez, “primer alcalde constitucional y el primer jefe militar de Sabaneta, lugar desde donde inició los preparativos para la lucha en contra de la anexión del país a España” y que fue el líder dominicano que aprovechando el descontento existente en la población nucleó un grupo que planificó a su vez una conspiración que aunque fracasó, sobre todo “por falta de preparación dominicana”, atizó la chispa emancipadora.
Sobre una nueva planificación, el 16 de agosto de 1863 un nuevo grupo de líderes reasumió el compromiso de restaurar la independencia mancillada con la anexión a España, y fue así como se logró que recuperáramos lo que se nos había arrebatado, emergiendo en dicha gesta emancipadora el gran Gregorio Luperón como la espada de la Restauración… se trató, definitivamente, de un importante triunfo del pueblo dominicano porque reafirmaba su identidad nacional y su derecho a la autodeterminación.
Pasados los años, pienso que el mejor tributo a todos los que lucharon y cayeron en defensa del pueblo dominicano no es sólo recordarlos, sino y sobre todo seguir creyendo como creyeron ellos en que es posible una República Dominicana grande, próspera, que ofrezca reales oportunidades para todos y donde cada centavo, literalmente hablando, se administre con el más absoluto criterio de pulcritud y de prioridad.
Siento que debe ser una aspiración permanente el que restauremos la fe en el presente y el provenir del pueblo dominicano; que restauremos el criterio ético en la Administración pública, extendido esto a todas las instituciones que integran los poderes del Estado; que restauremos la creencia y la confianza en nuestras instituciones; que restauremos el ejercicio ético en la actividad política; que restauremos el compromiso con la justicia en el sentido social más amplio de la palabra.
Igual pienso que es tiempo de que restauremos nuestros sueños, anhelos y aspiraciones, y en fin, que restauremos el compromiso con un Estado institucionalmente fuerte y vigoroso donde desaparezca el culto a la personalidad y en el que identificados con los mejores intereses de la nación desde la posición que nos corresponda o desde el rol que nos toque jugar empujemos todos en una misma dirección.
Claro está, ese proceso de restauración del que hablo y que asumo como una aspiración permanente, no se logra con palabras vacías y frases demagógicas sino con acciones concretas, con un Estado fuerte, con régimen de consecuencias para que quien con conductas indignas sustraiga fondos públicos, deshonre la función que se le ha asignado y se coloque de espalda a los intereses de la nación pague las consecuencias de sus actos. Lograda la Restauración de 1863, siento que esta es la restauración que necesitamos hoy.

























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