Escrito Por: Neury Tejeda
En los últimos meses, el gobierno actual ha anunciado con entusiasmo la apertura de la circunvalación de Baní, presentándola como una gran obra de infraestructura que transformará la movilidad del sur. Sin embargo, basta con observar la realidad para que surjan preguntas legítimas sobre si realmente se trata de una “circunvalación” o simplemente de un camino vecinal maquillado con un peaje moderno.
Cuando los ciudadanos escuchan sobre la apertura de una circunvalación, imaginan una vía amplia, segura, con múltiples carriles, adecuada al crecimiento del parque vehicular. Pero, si se compara con proyectos anteriores, lo que se está entregando hoy parece un retroceso más que un avance.
El contraste con el pasado
En los años 90, el presidente Joaquín Balaguer dio inicio a la construcción de la autopista 6 de Noviembre, diseñada con visión de futuro: tres carriles por sentido y una división metálica central para prevenir choques frontales. Esta obra fue inaugurada a finales de esa década por el presidente Leonel Fernández.
Más adelante, en 2003, el entonces presidente Hipólito Mejía inició la ampliación del tramo San Cristóbal–Baní, con dos carriles por sentido, eliminando en gran medida el entaponamiento entre Baní y Santo Domingo.
Aunque esta ampliación fue suspendida durante su gestión, fue retomada y completada posteriormente por Leonel Fernández.
¿Qué nos entrega hoy el presente?
Lo que hoy se vende como una “gran circunvalación” no es más que un tramo estrecho, de un solo carril por sentido, separados únicamente por una línea amarilla. Sin defensas metálicas. Sin planificación de crecimiento. Y lo más preocupante: con un peaje que se dice será de 100 pesos por sentido, es decir, 200 pesos ida y vuelta por una vía tan corta como limitada.
En la imagen que acompaña este artículo, se puede ver claramente la estrechez de la vía, que no solo genera preocupación por la seguridad vial, sino que también contradice el concepto básico de una circunvalación moderna, pensada para desviar y agilizar el tránsito pesado sin comprometer la integridad de los conductores.
¿Dónde quedó la visión de futuro?
Lo más alarmante es cómo, a diferencia de décadas anteriores, cuando los gobiernos diseñaban carreteras con visión a futuro y pensando en el crecimiento del parque vehicular, hoy en día ni siquiera se prioriza la seguridad vial ni el desarrollo urbano. Según datos disponibles, el parque vehicular de la República Dominicana ha crecido de manera exponencial desde los años 90 hasta hoy, superando los 5 millones de vehículos registrados para el año 2024. ¿Cómo se justifica entonces construir una vía que parece pensada para los años 60?
Este artículo no pretende desacreditar los esfuerzos de conectar al país, sino cuestionar el modelo de desarrollo, el uso de los recursos públicos, y por qué una obra tan limitada en diseño puede terminar costando tanto al ciudadano común.
¿Peaje para qué?
Si ya es preocupante el diseño de la vía, lo es aún más la implementación de un peaje por cada sentido, convirtiéndose en una carga económica injustificada para quienes diariamente transitan desde y hacia el sur. ¿Por qué una obra de esta magnitud, tan reducida, debe financiarse con un peaje tan alto? ¿Acaso no es una obligación del Estado garantizar el libre tránsito y la seguridad vial sin tener que ponerle precio a cada kilómetro?
⸻
En conclusión, lo que se nos presenta hoy no es una circunvalación, sino un camino de un solo carril por vía, sin protección, sin visión de futuro, y con un peaje que golpea directamente el bolsillo del pueblo. Este tipo de obras merecen un debate nacional, porque las carreteras no son para la propaganda, son para conectar y proteger vidas.

























Comentarios...