El lunes ocho (8) de octubre del año mil novecientos veintitrés (1923) nace en la Ciudad de San José de Ocoa el niño Homero Horacio, hijo de los señores Francisco Subero Sáber (de origen libanés, nacido en Venezuela) y Eladia Dévora Cabral, oriunda de nuestra provincia (fallecidos), siendo el segundo de una prole de cinco (5) hijos procreados por la unión matrimonial Subero-Cabral. (Ver nota aclaratoria al final del texto)
Figuran entre sus hermanos Dignora (fallecida), Farida (fallecida en fecha 29 de agosto de 2016), César Augusto (fallecido el día 26 de mayo del año 2005, como se lee en otra parte de este trabajo) y Luis Ney (Güicho), además de Danilda, su hermana paterna, criada por su madre Eladia Dévora.
Realizó sus estudios primarios en la escuela particular de San José de Ocoa, donde recibió las oportunas orientaciones de la maestra Altagracia Gerónimo (doña Tatá) y de su maestro Manuel de Regla Pujols (Titín), del cual recibió sabias enseñanzas y aunque no alcanzó más que el quinto (5to.) grado de la educación primaria las atinadas orientaciones de sus educadores le posibilitarían adquirir los conocimientos necesarios e indispensables para desempeñar con sobrada capacidad las funciones que le han correspondido.
Su niñez trascurrió en un sano ambiente, dividiendo su estadía entre San José de Ocoa y la comunidad de Nizao, dedicado a las tareas propias de la escuela, los quehaceres del hogar y la práctica del deporte, lo que se fortaleció, sobre todo en sus años juveniles, siendo un destacado deportista.
El sábado 9 de junio del año mil novecientos cincuenta y seis (1956) contrae nupcias con la joven ocoeña Hilda María González, en ceremonia celebrada en el templo de la Iglesia Católica de nuestro municipio, siendo el señor Tomás Antonio Isa (Tony) el padrino de boda. Con dicha distinguida compueblana va a procrear a sus hijos Mónica, Yraida, Homero (Lilo), Francis, Eladia y Elisa Subero González, todos ellos buenos hijos de nuestra comunidad y los que al igual que sus padres llevan una vida decente, siendo trabajadores y hombres y mujeres de bien.
Se dedicó a la práctica del beisbol jugando en el jardín central, en el shortstop y además como lanzador, convirtiéndose en el primer bate del equipo de Ocoa, dirigido por Gallego Muñoz (santiaguero), ya que tenía unas piernas prodigiosas y tuvo que ganarle a todos sus compañeros de equipo en una carrera en la que se decidió cuál debía ser el bateador abridor de dicho representativo.
Luego de jugar beisbol se dedicaba a jugar softball en donde se fractura una pierna, viéndose así forzado a retirarse de los deportes, aunque se mantiene atento a los mismos, muy especialmente del beisbol y aunque por razones físicas ya no le es posible practicarlo, lo sigue con similar fruición, ora visitando el play, ora disfrutando de este juego a través de la televisión.
Su primer empleo fue en la entonces Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones, en la que se inicia en el año mil novecientos cincuenta y cinco (1955), ganando a la sazón la suma de 2 pesos y 50 centavos. Al momento de su feliz matrimonio se desempeñaba como capataz de pavimentación en la compañía Hermont; compañía norteamericana que tuvo a su cargo la construcción de la carretera Ocoa-Constanza construida entre 1955 y 1957, aproximadamente, y en la que don Homero laboró durante todo el trayecto.
Trabajó para dicha compañía extranjera por alrededor de tres años, regresando a Obras Públicas para ya no salir jamás, desarrollando desde ésta importantes trabajos en lo que respecta a las calles y carreteras de la geografía de su pueblo natal, trabajando en la construcción y/o pavimentación de la mayoría de las calles de San José de Ocoa, laborando al lado de Miguel Arbaje, el que dicho sea de paso hizo los primeros contenes en Ocoa en la década del 40 y cuyo campamento se encontraba ubicado en la calle Colón, donde precisamente tiempo después don Homero construiría su residencia.
Pero también don Homero trabajó en la construcción de la carretera Nizao-Rancho Arriba en todas sus fases, con el ingeniero Petro Manzano, quien se desempeñaba como subdirector de carreteras de la entonces Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones (SEOPC), siendo dicho ingeniero el que diseñara el puente curvo ubicado en la comunidad rural de Las Malaguetas, perteneciente al Municipio de Sabana Larga, construido entre los años 1956 y 1958, y que es el primer puente curvo de la República Dominicana y de América, dándonos la distinción como pueblo en ese sentido.
Sus habilidades y su preparación para trabajar en Obras Públicas las consiguió de manos de su padre, don Francisco Subero, el que ocupó por varios años el cargo de Superintendente de Carretera, cargo desde el cual dirigió la construcción de la carretera Ocoa-El Cruce de Ocoa, lo que quiere decir que adquirió muchos conocimientos empíricos, los que luego llevaría a la práctica de manera exitosa.
Su padre Francisco Subero Sáber fue un activista político, simpatizante de Horacio Vásquez, siendo incluso, conjuntamente con Rodolfo Read, Felipe Isa (don Yamil) y José M. Pimentel (fallecidos) las cuatro figuras más relevantes del horacismo en San José de Ocoa. Pero además su padre fue por muchos años presidente del Partido Dominicano, que era el partido de Trujillo, cargo que tuvo que aceptar a regañadientes puesto que era opuesto al régimen trujillista pero no aceptar el cargo otorgado inconsultamente por “El Jefe” constituía una firma con la muerte, como ocurrió con muchos que intentaron desafiarlo.
Precisamente en esa actitud el tirano nombró a José Francisco Subero como Gobernador en San Juan de la Maguana, en cuyo honor una de nuestras calles lleva su nombre y éste tuvo la gallardía de negarse rotundamente, procediendo Trujillo a nombrarlo con el mismo cargo en Baní, adonde sí aceptó, en una actitud en cierto modo desafiante y si se quiere “quebrándole el pulso” al presidente Rafael Leonidas Trujillo Molina.
Cuando don Homero llega a Obras Públicas la Ayudantía de San José de Ocoa no contaba ni siquiera con un local o campamento propio, por lo que procedió a dotar dicha Ayudantía de un campamento, ubicado en aquel entonces en la calle Andrés Pimentel en la casa contigua en dirección norte-sur al local que por muchos años alojó al famoso Bar de Pururú (Bar Tres Rosas), pasando luego dicho campamento a la calle Dionisio Sánchez, entre las calles Sánchez y Luperón, donde hoy funciona.
Desde la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones (SEOPC) hoy Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), más específicamente desde la Ayudantía de dicha institución en San José de Ocoa, el señor Homero Subero realizó una importante labor en lo que respecta a la construcción y reparación de las calles y carreteras, haciéndose acompañar, entre otros compañeros, por Milciades, Eligio, José del Carmen y Francisco Martínez (Boleo), actuando siempre apegado a los principios éticos y morales que han caracterizado su trayectoria, su vida, haciendo del trabajo tesonero y honrado una praxis a lo largo de más de cuarenta años, permaneciendo en el cargo de Encargado de Obras Públicas en San José de Ocoa hasta ser jubilado por el Presidente Constitucional de la República, el Dr. Leonel Antonio Fernández Reyna, en su primer mandato (1996-2000), tras una recomendación del Dr. Joaquín Antonio Balaguer Ricardo.
Huelga destacar que fue tanta la honradez con la que se desempeñó don Homero en el ejercicio de sus funciones al frente de la Ayudantía del Ministerio de Obras Públicas en San José de Ocoa, que confiado en su trabajo tesonero apegado a la ética, y sabiéndose un hombre íntegro, solicitó, al momento en que era pensionado, que se convocara a una nueva reunión para preguntarle a los habitantes de los diferentes puntos de la geografía ocoeña, si alguna vez aceptó o pidió un centavo a alguien para hacer algún trabajo, a lo que recibió por respuesta un fuerte abrazo.
Ciertamente con actuaciones como estas son con las que como dijera el poeta “se hace camino al andar”; de ahí su condición de ocoeño ejemplar que puede levantar su frente bien alto a la hora de pasar revista a lo que ha sido su peregrinar por los caminos de la vida, constituyendo indefectiblemente un referente ético del pueblo dominicano y muy especialmente del pueblo de San José de Ocoa.
Hoy, don Homero puede sentir la satisfacción por el deber cumplido y sobre todo puede sentirse orgulloso y feliz al caminar por las calles de su pueblo, al saber que participó, si no en la construcción, por lo menos en la reconstrucción y/o pavimentación de su inmensa mayoría, pudiendo levantar su frente de cara al sol tras ocho lustros en la administración pública, siendo ejemplo de trabajo, de dignidad y de honorabilidad; ejemplo que ojalá sea emulado por quienes ocupen funciones públicas.
En la actualidad don Homero ve discurrir sus días en la quietud y la tranquilidad de su hogar, junto a su señora esposa, la que conjuntamente con sus hijos y sus nietos constituyen su orgullo y su alegría, disfrutando a través de la pantalla chica de su hobbie, el beisbol.
Pero además, preciso es destacar que con este hijo de San José de Ocoa se puede entablar una conversación en diversas áreas, lo que resulta agradable y del mismo modo aleccionador, pues cargado de la sabiduría y la experiencia que dan los años y proporciona la vida, una plática con él constituye una sabia orientación.
Del mismo modo resulta apasionante entablar una conversación con este meritísimo hijo del pueblo de San José de Ocoa, el que transmite gran sosiego y calma en sus pláticas, pasando revista a importantes acontecimientos vividos a través de los años.
Hay que decir que indudablemente con la experiencia que dan los años, don Homero cuenta con la sabiduría apropiada para servir de orientador a quien necesite de un sabio consejo en lo que respecta al buen vivir, pues su vida ha sido precisamente ejemplo de eso.
Hombre de bien, dedicado a sus responsabilidades, buen esposo, buen padre, buen abuelo, buen amigo y del mismo modo hijo honorable del pueblo de San José de Ocoa con quien es una distinción compartir la ocoeñidad.
Nota aclaratoria del autor: Al momento en que entrevistamos personalmente a don Homero para esta semblanza, en el año 2005, nos dijo de viva voz que había nacido en fecha ocho (8) de octubre del año “mil novecientos veintitrés (1923)”; sin embargo, registros oficiales posteriormente en nuestro poder dan cuenta de que nació en dicho día y mes, pero del año mil novecientos veintidós (1922). En tal sentido, nació el domingo 8 de octubre de 1922; no así el lunes 8 de octubre de 1923, esto de conformidad con el Acta No. 000263, Libro 14-LL, Folio 270 del año 1925.


























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