Por: Raquel Brito López
Detrás de cada estadística hay una historia interrumpida, una familia fragmentada y una mirada que durante mucho tiempo intentó transmitir un dolor insostenible. En la consulta clínica nos encontramos con frecuencia con el rostro humano del sufrimiento; por ello, resulta urgente desplazar la atención desde las frías cifras hacia la comprensión profunda de la vivencia emocional, recordando que prevenir el suicidio es, ante todo, un acto de presencia y empatía.
Desde el 10 de septiembre de 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) instauraron el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Esta fecha nos invita a reflexionar y a promover vínculos que permitan detectar situaciones de riesgo antes de que se consoliden en una emergencia vital. No obstante, cuando la problemática se reduce a un reporte epidemiológico, corremos el riesgo de deshumanizar a la persona. Ninguna métrica es capaz de capturar la profundidad de la desesperanza ni el peso de la soledad que experimenta quien considera la muerte como única salida.
Estadísticas en nuestro país
Los datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y del Ministerio de Salud Pública (MSP) reflejan la gravedad del panorama: en el año 2024 se registraron 651 suicidios, dentro de una serie histórica (2007-2025) con un promedio anual aproximado de 593 casos, un pico en 2021 de 670 fallecimientos y un acumulado de 11,271 vidas perdidas. Los hombres representan el 85% de los casos consumados, mientras que las mujeres constituyen el 15%, sin embargo, las mujeres registran un volumen significativamente mayor de ideación e intentos no consumados., en estos casos la población más vulnerabilidad se concentra en edades de 15 a 29 años.
Detrás de cada historia hay un gran dolor.
Quienes hemos acompañado el proceso terapéutico de personas que han sobrevivido a un intento suicida escuchamos relatos desgarradores sobre lo que verdaderamente se siente en esos momentos de oscuridad. Muchos han verbalizado que el dolor emocional era tan intenso como caminar bajo el sol con una herida abierta en la piel, o como experimentar la angustia punzante del duelo por la muerte de un ser querido, pero sintiendo esa devastación de forma continua, el sentimiento de vacío crónico y dolor. Es un sentimiento de vacío y tormento tan insoportable que no se busca acabar con la vida en sí, sino apagar desesperadamente un sufrimiento que sobrepasa toda capacidad humana de resistencia; la muerte se percibe, entonces, no como un deseo, sino como la única salida visible ante la tormenta.
Desde la psicoterapia comprendemos que esta conducta es multicausal. Factores como la presión económica, los conflictos familiares, la ausencia de redes de contención y las barreras en la atención a la salud mental interactúan con antecedentes de trauma o maltrato. Cuadros como la depresión, el trastorno límite de la personalidad o dinámicas de dependencia afectiva severa intensifican esta vulnerabilidad y así el dolor va agotando las fuerzas para seguir luchando.
Despedidas silenciosas
A veces, la necesidad de aliviar el sufrimiento se manifiesta a través de pequeños rituales silenciosos que actúan como despedidas implícitas en la cotidianidad. En la consulta clínica y en el acompañamiento a las familias, observamos cómo la persona comienza a ordenar minuciosamente sus asuntos, regalar sus pertenencias más queridas, cerrar ciclos pendientes o expresar palabras cargadas de un cansancio inusual y definitivo. Estas conductas no son gestos al azar ni intentos de manipulación; son expresiones sutiles y conmovedoras de un dolor que busca descanso. Aprender a descifrar estos silencios con el corazón, sin minimizar ni juzgar, nos permite intervenir a tiempo, tender un puente de contención y sostener a quien siente que sus fuerzas se han agotado
Las 11,271 vidas perdidas a lo largo de estos años no son métricas ni cifras distantes; representan historias valiosas, familias atravesadas por el dolor y ausencias que duelen en el alma de nuestra sociedad. Como profesionales de la salud mental y como seres humanos, nuestro compromiso ético y afectivo es transformar la mirada fría de la estadística en una presencia viva y acogedora. Aunque el dolor a veces se sienta ensordecedor y la herida demasiado expuesta, nadie tiene por qué transitar este camino en soledad. Detrás de cada noche prolongada siempre hay una luz esperando ser encontrada; extender la mano, escuchar sin juzgar y validar el sufrimiento de quien se siente vulnerable es recordarle que su historia importa, que su vida tiene sentido y que siempre, siempre existe un espacio seguro para sanar, respirar y volver a empezar.
Bibliografía Recomendada
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2021). Prevenir el suicidio: un imperativo global. Organización Panamericana de la Salud.
Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP). (2023). World Suicide Prevention Day: Creating Hope Through Action. IASP Resources.
Oficina Nacional de Estadística (ONE). (2024). Anuario de Estadísticas Vitales y Defunciones. Santo Domingo, República Dominicana.
Ministerio de Salud Pública (MSP). (2023). Plan Nacional de Salud Mental y Prevención del Suicidio. Santo Domingo, República Dominicana.
Hawton, K., & Pirkis, J. (2017). Suicide is a major public health concern: Strategies for prevention
https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001554.htm
https://www.infobae.com/peru/2026/09/10/dia-mundial-de-la-prevencion-del-suicidio-conoce-las-senales-que-requieren-escucha-y-atencion-inmediata/
https://www.paho.org/es/temas/prevencion-suicidio
Enrique Echeburúa, Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), España


























