Escrito Por: Profesor Albin Yanil Diaz Calderón
En días de mocedad la vi pasar,
Diosa de mármol, ángel sin altar,
su risa era verso, su andar era mar,
modelo de estrellas que aprendieron
a amar.
La juventud me cegó con su luz de
cristal.
Y jure que sin ella la vida era un final.
Mas el tiempo, ese escultor cruel y leal,
deshojo su belleza como pétalo otoñal.
Su figura se transformó, se quebró el
pedestal, y en el espejo encontré otra
verdad trivial.
Entonces comprendí, con voz fría y
fatal:
“Por lo que me quería morir…ya no
existe como tal.”
Hoy miro atrás y entiendo el error fatal:
Ame la pintura, no al alma real.
Confundí piel con cielo, rostro con rosal,
y levante un ídolo sobre arena y cristal.
La belleza es rio, no estanque inmortal,
Se mueve, se arruga, se hace humana al
final.
Y si he de morirme, que sea por algo real:
Por un corazón que ría, que llore, que sea
Leal.
No por curvas que el tiempo vino a borrar,
sino por manos que ayudan, por ojos que
saben mirar.
Aprendí que el amor no es jaula ni altar,
es semilla que crece, aunque el cuerpo
cambie de fisonomía.


























