Por: Kelvin Arias
La República Dominicana atraviesa un momento de introspección colectiva que parece haber tomado por sorpresa a quienes hoy ostentan el poder. Durante un tiempo considerable, el país pareció sumido en una especie de «burundanga» social; un estado de hipnosis alimentado por promesas de cambio, marketing de alto presupuesto y una narrativa de transparencia que, ante los golpes de la realidad, empieza a desmoronarse.
Hoy, ese hechizo se ha roto. El pueblo dominicano está despertando, y lo que encuentra al abrir los ojos es un panorama de incongruencias y falta de rumbo.
La Improvisación como Norma
Lo que en un principio se quiso vender como «escucha activa» o «rectificar es de sabios», ha mutado a los ojos de la ciudadanía en una improvisación sistemática. No se puede gobernar un país bajo el método de ensayo y error, lanzando globos de ensayo para medir la temperatura popular y retirando medidas a las 24 horas por falta de consenso o planificación.
Esta conducta no es propia de una gestión con una visión de Estado sólida, sino de un partido que luce desesperado. La desesperación se huele en los pasillos gubernamentales cuando las cifras de seguridad ciudadana no cuadran, cuando el costo de la canasta básica asfixia a la clase media y cuando los servicios públicos más elementales —como la salud y la energía eléctrica— muestran señales de un preocupante retroceso.
El Discurso vs. La Realidad
La mayor desconexión reside en la brecha entre el discurso oficial y el día a día del ciudadano de a pie. Mientras en las pantallas se habla de un crecimiento macroeconómico envidiable, en los colmados y supermercados la realidad es otra: el dinero no alcanza.
»No se puede tapar el sol con un dedo, ni el hambre con estadísticas.»
Esa «burrundanga» que mantenía a gran parte de la población a la expectativa ha perdido su efecto. El ciudadano ya no se conforma con la denuncia del pasado; exige resultados en el presente. El gobierno parece haber olvidado que la legitimidad no solo se obtiene en las urnas, sino que se mantiene en la ejecución diaria, y es precisamente ahí donde las luces de emergencia se han encendido.
Un Rumbo Errático
El partido de gobierno se percibe hoy como un barco con muchos capitanes y ninguna brújula clara. Las contradicciones internas y la falta de cohesión en las políticas públicas han creado un clima de incertidumbre que afecta la inversión y la paz social. Se prometió una institucionalidad robusta, pero lo que vemos es una estructura que se tambalea ante la mínima crisis, recurriendo a parches temporales en lugar de soluciones estructurales.
Conclusión
La República Dominicana ya no es la misma de hace unos años. El despertar del pueblo es un síntoma de madurez democrática; la gente ha aprendido a distinguir entre el brillo del marketing y el valor del bienestar real.
Si el gobierno no abandona la improvisación y retoma un camino de coherencia, esa desesperación que hoy muestran sus filas terminará convirtiéndose en su propio epitafio político. La realidad ya no se puede ocultar: el país reclama gerencia, no excusas; rumbo, no volantazos. El tiempo de los efectos especiales ha terminado.


























