Por: Daniela Pujols Minyetty
“El sábado cumplo años, te invito al Jet Set”, “vamos a celebrar la graduación allá”, “Me voy a vivir fuera, haré mi despedida” o “hoy toca el lunes bailable, ¿le damos?” eran solo algunas de las múltiples maneras de motivar a una noche de fiesta en la discoteca Jet Set.
El lugar que por 52 años sirvió como un epicentro del entretenimiento y la proyección de artistas locales e internacionales, era preferido, además, por un público joven adulto para bailar los principales géneros tropicales merengue, salsa, bachata y urbano con una colorida pista de baile.
Cada diciembre y enero, el lugar se llenaba de los ‘viajeros’ y los peloteros, tanto para celebrar las fiestas navideñas como para despedirse del patio. Los lunes eran de fiesta “pal’ que puede” y un artista invitado.
Pero el lunes 7 de abril de 2025 fue el último lunes bailable de muchos enamorados, padres, hermanos, amigos y familias completas de diversas edades al ritmo de un buen merengue.
Animado, alegre y sonriente, Rubby Pérez, “la voz más alta del merengue”, ya había cantado «Volveré», «Buscando tus besos», «Completamente enamorado», «Tú vas a volar» y hasta una gaita zuliana en honor a los venezolanos presentes que disfrutaban su música, como la presentadora venezolana Elianta Quintero. Pérez, quien despuntó en la década de los 80 en la orquesta de Wilfrido Vargas con “El africano”, consideraba a Venezuela su segunda patria, pues allí lo amaron y marcó a generaciones.
En promedio, el nativo de Haina de 69 años, tenía unos 40 minutos entregado en cuerpo y alma en tarima con su potente voz, sus merengues para enamorarse ante un público que no le dejó la pista vacía. Tocaba junto a su acoplada orquesta y su hija Zulinka Pérez como corista.
Sobre las 12:44 de la medianoche la historia que se escribió no fue de fiesta, sino de tragedia. Cayó el techo del Jet Set mientras el artista cantaba “De color de rosa” y de su voz salía el último estribillo “que estoy enamorado, mis venas un torrente son, un volcán es mi corazón, a punto de estallar está mi alma por amor, por amor”.
Un estruendo y todo se fue a negro. Con el colapso del techo, la madrugada del martes 8 de abril, pasadas las 12:45 de la medianoche, se quedaron entre los escombros muchas historias de 236 almas que acudieron esa fatídica noche del lunes con un motivo distinto para celebrar, sin saber que era, lamentablemente, su último “lunes bailable”.
Otros más de 180 heridos luchan por recuperarse de las secuelas físicas y emocionales y algunos han expresado tanto a la prensa como en las redes sociales cómo fue el momento de la tragedia.
Dos de ellas son Alexandra Pujols y Rocío Valerio, primas de quien escribe. Quienes se salvaron al estar ubicadas en los muebles cerca de la tarima. Pudieron salir rápido sin lesiones visibles hacia una puerta de emergencia casi al lado y, en medio de la confusión, solo decían que todo se puso negro, lleno de polvo y agua. No tenían idea de la magnitud del hecho hasta el otro día. Con ese recuerdo se quedan.
Familias y parejas en una noche fatídica
Sobrevivientes: Lucy Amantina Castillo y José Manuel Montilla, una pareja de esposos dominicanos que reside en Italia, viajaron a República Dominicana por vacaciones.
Era una tradición en su visita al “patio” ir a la discoteca, en especial los lunes donde se presentan los merengueros, salseros, bachateros. «Estábamos sentados en una mesa, no podía ver nada. Solo escuché a alguien que gritó: ‘el techo’, y en ese momento todo se fue a negro», dijo Castillo.
«Pedía que me sacaran. Cuando pasaban los socorristas, yo les agarraba los pies. Entre cuatro me levantaron; eran dos losas grandes de cemento. Quitaron los escombros y lograron sacarme», explicó.
Vivos para contarlo están los esposos Víctor De la Cruz y Marisol Chalas, quienes estuvieron atrapados en los escombros de la discoteca del Jet Set durante 40 minutos. Ellos, que viven en Haina, fueron al Jet Set a ver a su artista favorito, Rubby Pérez.
Un caso triste es el de Christian Alejandro Tejeda, director de Infraestructura Urbana de la Alcaldía del Distrito Nacional, murió junto a su esposa Laura Elisa Castaños Melo, la hija de ambos, Gabriela Tejeda Castaños, una hermana y una sobrina. De las dos últimas no fueron revelados los nombres.
La familia Grullón sufrió un duro golpe. Fallecieron en el colapso Eduardo Grullón, presidente de la AFP Popular, su esposa, Johanna, y su hermana, Alexandra Grullón, gerente de proyectos de Qik Banco Digital Dominicano, y su esposo, Eduardo Guarionex Estrella Cruz, hijo del exsenador y ministro Eduardo Estrella, junto a Stephanie Avendaño Patricio, colaboradora de la entidad financiera.
Grullón, conocido por su afabilidad y sentido del humor, celebraba el cumpleaños de su esposa. El cantautor español Alejandro Sanz vino al país a solidarizarse con sus compadres.
A Nelsy Cruz, gobernadora de la provincia de Montecristi, de 41 años, y hermana del pelotero Nelson Cruz, le gustaba bailar y la fiesta de Rubby Pérez se prestaba para disfrutar de un buen merengue. Ella fue una heroína al dar la voz de alerta al presidente Luis Abinader en medio del impacto que le arrebató la vida horas después cuando recibía cuidados en una clínica. Todos los centros de salud y clínicas privadas, así como las funerarias, estaban llenas.
En el caso del expelotero Octavio Dotel, este tenía una mesa fija en la discoteca, especialmente para ver a sus artistas amigos los lunes bailables. El plan suyo era disfrutar de una buena fiesta en vivo, como otras tantas veces. En muchas ocasiones le acompañaba su esposa, Massiel Dotel, familiares o amigos peloteros.

Los videos suyos disfrutando, bailando, y hasta cantando con los artistas Raulín Rodríguez o Toño Rosario inundan las redes sociales.
Y así, cada nombre de cada persona que cruzó esa puerta de la discoteca ubicada en la plaza El Portal de la avenida Independencia, se llevó para siempre su historia y otros hoy tienen la dicha, dentro de la tristeza, de contarse entre los sobrevivientes.
Desde ese día, decenas de personas se han congregado frente al centro de entretenimiento para orar por las víctimas y los sobrevivientes; encienden velones y dedican mensajes en memoria de los afectados.
Al pasar, hoy solo se ve un cuadrante negro cargado de dolor por las 236 personas que perdieron la vida en aquel último lunes bailable que culminó en la fatídica tragedia del martes 8 de abril.
NOTA:Escrito originalmente el 11 de abril de 2025


























