Yo el feminicida
Escrito por Julio Lluberes   
Martes, 14 de Agosto de 2012 20:18

Parte II

Por: Gregorio Martinez

Regularmente, en horas de la mañana, permanece aislado en una de las esquinas poco resguardadas del patio. De continente delgado y vestido con jirones ejecutivos. En uno de los colmados improvisados, supe por un dependiente, que hace años había matado a su esposa. Yo, desde ese momento, me di cuenta lo que ese gnomo veía delante de aquella helada y constante mirada.

Pasaron semanas donde solo me limite a observarlo. Salía de la celda y se arraigaba en aquel asiento de concreto bajo el toldo de una antigua oficina abandonada hasta que llegaba la hora de la comida o la de las fieras pelear por un trozo de carne manoseada. Luego desaparece hasta el siguiente día. Busque referencia entre compañeros y nadie había cruzado con él ni los buenos días. Uno más osado me había contado que estaba preso por psicópata y que le daba miedo el simple hecho de acercarse. Un día, medio nublado, donde los reos se esparcen en los pasillos para evitar la lluvia, fui hasta su celda. Estaba sentado en el centro de ella con un trozo de periódico, sucio de mierda, entre las manos, parecía interesado por la noticia que leía.

¿No tienes otra cosa más interesante que hacer? –Me dijo apenas me acerque. –Yo solo quisiera saber porque estás aquí. –Le dije acomodándome frente a él. Con timidez me dejo ver desde sus manos el titular casi borrado por la mugre. HOMBRE MATA MUJER POR NEGARCE AL SEXO ANAL. Me contrarié y lleve una de mis manos a la boca para ocultar mi sorpresa. –Increíble ¿Verdad? –Me dijo con una leve risa. –La mate no por esa simple razón. Solo que eso fue lo único que escucho el vecino chismoso cuando la golpeaba contra la pared. –Dijo. Yo no tenía preguntas y él me veía con franqueza mientras sonreía. –Aquí estamos, por el hecho de matar a una pendeja que solo abría la boca para pedir dinero y las piernas para darle placer el delivery de la farmacia. Yo trabajaba como asesor ejecutivo de una empresa prácticamente en quiebra. Caminaba los sábados en el mirador y me gustaba manosear uno que otro libro. La escuche un sábado en la mañana, mientras me creía ejercitando, pedirle, en mi cama, al delivery que le diera por detrás, y su placer fue mi dolor que acrecentaba en cada una de sus intermitencias. Finalmente, la empresa cerró y yo me vi sin ahorros y sin trabajo. Todo se lo absorbía ella; salones, ropa, zapatos y fiestas. Los últimos dos mil pesos de la cuenta me los bebí yo la noche de su muerte. Eran a penas las dos de la madrugada cuando no lograba abrir la puerta con mi llave, estaba muy borracho. Escuche, en el patio, cuando cayó un peso. La rabia se apodero de mi al verla casi desnuda y totalmente desaliñada con un indiscreto moretón en el cuello. Entre disimulando calma, cuando puse las llaves en la mesa escuche unos pasos que se alejaban en una carrera, la vi a los ojos y ahí le hice la propuesta que encabezo todas las primeras planas de los periódicos. Se negó alardeando su pudor. La bese, no me correspondió, caí al piso mientras ella corrió a encerrarse en la habitación. Me arrastre hacia la puerta, me pare y la golpee hasta lograr a abrirla. La encontré arropada de pies a cabeza, encontré una navaja, que no era mía y con eso rompí las sabanas causándole incisiones en sus piernas. Aun recuerdo esos gritos. La vi a los ojos y al mostrar resistencia la abofetee varias veces hasta dejarla sin fuerzas al borde de la cama. Le abrí las sangrantes piernas y le destruí el ano con rabia. Tras mi eyaculación se arrastro llorando por el suelo y saco mi revolver de la mesa de noche, me apunto y halo del gatillo pero no tenia balas, entonces yo, empuñando la navaja se la incruste con locura por cuantas partes me permitía la furia. El caso fue muy sonado, en la cárcel me entere de los titulares. El probo me dejo guardar este después de haberse limpiado con él en el baño.

Me puse de pie sin decirle una sola palabra. -¿Te llena de miedo mi historia? ¿Entonces, para que preguntas, coño? Termino diciendo mientras salía casi corriendo de aquellas rejas. ¿La habrá matado por negarse a tener placentera mente sexo anal como lo hacía con el delivery? ¿Habrá muerto por traicionera? Son preguntas que se quedaran sin respuesta. Pocos días después de haberle ratificado la condena de treinta años de prisión, lo encontraron colgado de una correa en una de las barandas de un baño en construcción.

Nos vemos en el próximo femenicido.

Gregorio Martínez

@gregoriomarti84

Yo el feminicida
Última actualización el Martes, 14 de Agosto de 2012 21:02
 

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