RÁPIDAS

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Ocoeños inolvidables: Pedrito Palma

Ocoa 1940

Por Felipe Nery Ciprián

Uno de los personajes más pintorescos de Ocoa en los años sesenta y setenta era Pedro Mateo, a quien todos conocíamos como Pedrito Palma, sobrenombre que le hizo popular por su extraordinaria habilidad para subir a las alturas de las palmeras para cortar las semillas y a los cocoteros para bajar los cocos. Pedrito era nativo de Parra, un paraje muy peculiar porque en poco territorio tenía una gran población de la que salían cientos de jornaleros agrícolas que iban a las plantaciones de maní, habichuelas y café de otras demarcaciones de Ocoa.

Siendo yo un niño vi frecuentemente a las cuadrillas de hombres alegres que pasaban al amanecer cantando plenas por las calles de Ocoa provenientes de Parra, azadón en mano, con rumbo a La Sabana, a limpiar tierras o a despalillar maní en la gran finca que allí tenía Rafael Read, y que mayordomeaba "Colega" Vásquez, el padre de mis amigos Villa, Domingo, Manén, Orlando, Julio César... y esposo de Luz Sánchez, hermana de Onfalia, la esposa de Chichí Santos, aquel extraordinario proyectador de películas y maestro en ese oficio de Chen Sánchez y el mismo Villa.

Pedrito, de ojitos profundos, flaco y algo encorvado, pasaba siempre con un costal colgado al cuello sujetado por su mano izquierda, machete al cinto y caminar rítmico acompasado por algún cantar intercalado por gruesos copos de humo de su tabaco encendido, era un ser amable e inofensivo a la vez.
Dudo mucho que alguien lo viera malhumorado o en actitud de pelea en algún momento. De una estatura menuda que no superaba los cinco pies y cinco pulgadas, Pedrito era un gigante en habilidad para subirse a las palmas, cuyas semillas, junto a los abundantes aguacates, era parte esencial de la dieta de los cerdos de engorde que aun tenían las familias de Ocoa como alcancía en los angostos patios de sus casas en el poblado.
De Pedrito hay miles de declamaciones repentistas que nadie podrá recoger con rigor, pero en uno que otro cerebro disperso tienen que resonar los versos increíblemente acompasados de este ocoeño humilde pero dueño de unas habilidades que un Estado más atento a las creaciones populares hubiese estimulado y publicado.
Para muestra les dejo solo una:

Pachico no quiere
ni Elvira tampoco
que Pedrito Palma
se suba en los cocos

Con ese repentismo salió Pedrito de la casa de Francisco Pichardo (Pachico) y su esposa Elvira, padre y madre de Negro, de Nilva la esposa de mi primo Guarionex Zucco, el hijo de Manón; y otros muchachos, en El Alambique, lugar donde vivía la pareja y finca muy abundante de frutales donde los jóvenes y niños íbamos a manguear y a cazar con tirapiedras las abundantes ciguas palmeras.
Era un día de lluvia y Pachico, mucho menos aventurero que Pedrito, no aceptó que éste se subiera en los cocoteros a tumbar sus frutos.
Aunque Pedrito insistía en que no había peligro y podía tumbar los cocos que anhelaba probar, Pachico le dijo que con la mata mojada él no permitía que se subiera nadie en ellas.
Decepcionado y buscando el camino para ir de El Alambique a Parra con las manos vacías, luego de un café caliente y de encender su pachuché, Pedrito cantó:
Pachico no quiere
ni Elvira tampoco
que Pedrito Palma
se suba en los cocos.

No hay ninguna duda de que tan pronto la mata de coco escurrió la lluvia de aquel mayo primaveral, Pedrito volvió adonde Pachico y bajó los frutos, de los que dejaba una parte al propietario y se llevaba la otra en su costal para venderla o intercambiarla en cualquier casa del poblado de Ocoa.
Tanto Pachico como Elvira eran desprendidos al extremo, lo que pude comprobar cada vez que iba con mis amigos y hermanos a manguear y siempre nos dieron la misma autorización: Entren, coman mangos y lleven a su casa, pero no le tiren piedras que se pueden dar un golpe.