La invasión no es solo de prietos (I)

Blancos, amarillos y mestizos besan el suelo patrio. La respuesta migratoria de RD.

Por Nóbel Mejía.-San José de Ocoa

El tema migratorio es una de las grandes complejidades del mundo moderno y, según parece, ha sido así a través de los siglos. Por una cuestión básica, lógica y humana de sobrevivencia, en algunos casos golpes de suerte o supervivencia, el hombre siempre se movilizará desde donde hay menos hacía donde hay más. De hecho, la especie humana ha logrado perpetuarse y avanzar gracias a las grandes movilizaciones.

En República Dominicana preocupa a muchos la invasión “silenciosa” que nos acusa. Hacemos frontera con el país más pobre del Hemisferio Occidental y uno de los más pobres en el ranking mundial. Dadas las facilidades por cercanía, es normal que todas las líneas fronterizas con lados muy desiguales acusen serios problemas migratorios. En nuestro caso, Haití representa la más fea del baile.

No solo se trata de negros, también nos invaden blancos, amarillos y mestizos. Quizás al no existir la camiona para ellos, sobre todo por asunto de distancias, los chinos llegaron para quedarse y olas venezolanas y puertoriqueñas huyen despavoridas hacia nuestro país. Los blanquitos y blancos jipatos se han asentado en la Zona Este, la porción central de la Costa Norte y otros puntos. Desde luego, los negros son más, viven en nuestro patio Oeste, se les conoce como invasores consumados del pasado y, por mala suerte, son “pobres prietos” y le toca camiona. De tanto en tanto se expulsa a un ilegal no haitiano, al menos según el seguimiento noticioso y en términos comparativos. El caso del tráfico de chinos y cubanos por la frontera es lo más conocido, aunque generalmente es solo un puente o escala para migrar a otras latitudes.

Queda por resolver cuantos de los extranjeros asentados en el país están en condición de legalidad y que beneficios colectivos aporta esa inmigración. Ese es el meollo del asunto, independientemente de la procedencia, el “pendejo” color de la piel otorgado por la Melanina y las cuestiones humanitarias. El Plan de Regularización de Extranjeros, con todos sus entuertos, está poniendo algunas cosas en su lugar, al menos eso pretende.

Precisamente, varias naciones del mundo controlan sus flujos migratorios obedeciendo a criterios de mercado y, de hecho, estudian esas migraciones. Lamentablemente, en materia migratoria República Dominicana no sabe lo que quiere ni hacia donde va. Aparte del sustento personal, observamos y suponemos cosas pero nadie nos ha dicho que aportan los chinos y blanquitos en términos objetivos. Oficialmente, poco o nada sabemos del aporte haitiano a la maquinaria productiva nacional, al menos en cifras económicas reales. El caso de los venezonalos y puertoriqueños es entendible; huyen de situaciones especificas que pueden ser temporales o prolongarse en el tiempo.

Con relación a los números, no existe acuerdo en las cifras. Algunos hablan de poco más de medio millon de haitianos en suelo dominicano, mientras otros dicen que podría estar cercano al millón o sobrepasarlo. A inicios del Plan de Regularización se estimó en poco menos del medio millón. Entre venezolanos, puertoriqueños y otras nacionalidades latinas, las cifras conservadoras se establecen entre cien y doscientos mil. Entre chinos y otras nacionalidades no latinas, se dispone de escasa información. La primera Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI-2012) estableció las cifras en poco menos de cuatro mil chinos y unos 30 mil blancos (españoles, americanos, alemanes, franceses, italianos, otros). El caso de los japoneses y árabes es harina de otro costal, sobre todo por tratarse de colonias ancestrales que han echado raíces en suelo patrio y son familias dominicanas hasta la tapa.

En una próxima entrega hablaremos del aporte de cada una de esas comunidades, más allá de la simple observación popular del día a día. Por razones obvias, pondremos atención “especial” a tres comunidades de inmigrantes: haitianos, chinos y venezolanos. Los primeros por tratarse del grupo más numeroso; los segundos porque han llenado el país de establecimientos comerciales de tipos especificos y los terceros por tratarse de un movimiento nuevo, sobre todo impulsado por una coyuntura sociopolítica en su país de origen y no sabemos si llegaron para quedarse o como aves de paso.

El tema migratorio es una de las grandes complejidades del mundo moderno y, según parece, ha sido así a través de los siglos. Por una cuestión básica, lógica y humana de sobrevivencia, en algunos casos golpes de suerte o supervivencia, el hombre siempre se movilizará desde donde hay menos hacía donde hay más. De hecho, la especie humana ha logrado perpetuarse y avanzar gracias a las grandes movilizaciones.

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