La muerte de dos policías, un hecho de sangre indignante, atroz y repudiable

Por Omar Ureña
Una indignación colectiva arropa la sociedad Ocoeña a raíz de la muerte violenta a tiros la madrugada el pasado lunes de dos agentes del orden público, quienes en el ejercicio de sus funciones hacían un retén, con el objetivo de detener unos sospechosos que se desplazaban en un vehículo, después de recibir la denuncia de un secuestro llevado a cabo en la provincia Peravia y que se desviaron a esta demarcación evitando ser apresados en el tramo Bani- Azua,

donde según reportes preliminares se dirigían con una persona secuestrada a quien previo a el asesinato de los agentes policiales, también lograron ejecutar, dejando el cuerpo sin vida del raptado en la comunidad de las Caobas de esta provincia.

La impotencia, el espanto, la tensión y el asombro se apoderaron de la población en este lunes al despertar y encontrarse con estas muertes, de estos servidores públicos que cada día daban lo mejor de sí para frenar el auge de la delincuencia.

El segundo teniente Johnny Arias Cabrera al mando de la patrulla que componía junto al cabo Félix De Oleo Paredes ha sido la noticia trágica que ha estado ocupando la atención de todo un pueblo, quien sin asimilar bien estas muertes, horas más tardes se entera de la ejecución de Edison Adís Mejía Mejía (Tintín), hallado horas más tarde en unos matorrales quien fuera el primer muerto de los hechos acaecidos en este lunes.

Según se ha dicho en el año 2004 este le había quitado la vida en un incidente a Reinaldo Romero. También circula la versión de que Mejía Mejía tenía apenas 20 días en el país, ya que había sido deportado de los Estado Unidos.

El crimen organizado sabe que el régimen de consecuencias de sus actos en este país es vulnerable y que a través de su poder económico puede hacer y deshacer con quien quiera, a la hora que sea, donde quiera y como sea.

Tenemos un panorama difícil para nuestra sociedad, un trago amargo que tenemos que digerir a fuerza de terror de manera individual y como colectividad.
Nos sentimos de brazos atados, no sabemos en qué vamos a parar, pero el camino que llevamos no es muy halagüeño.

Solicitamos por esta vía a las autoridades competentes y no competentes realizar una movilización social, donde se enfoque el problema de la violencia-delincuencia ya que, en honor a la verdad, el estrés, el luto, el llanto, la orfandad, los hogares destruidos productos de estos hechos criminales, nos está haciendo daño en el sentido más amplio de la palabra.

¡Si ombe sí!

Una indignación colectiva arropa la sociedad Ocoeña a raíz de la muerte violenta a tiros la madrugada el pasado lunes de dos agentes del orden público

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